En septiembre del 2009 tuve la oportunidad de retratar a Diana Rosas. Poco antes la había conocido como artista visual. Su belleza me cautivó, así que le propuse que realizáramos una sesión fotográfica. Cuando llegó a mi estudio se puso a hacer ejercicios de calentamiento. Al ver eso, al descubrir su plasticidad, le pedí que siguiera en eso. Así transcurrió una de las sesiones más bellas de las que tengo memoria.
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