
El pasado 14 de febrero asistí a la inauguración de una importante exposición colectiva de arte erótico, donde presenté una de mis obras. El evento se realizó en el recinto Casa de Cultura de Azcapotzalco en la Ciudad de México. Ahí me encontré con grandes amigos y colegas como Alfonso Soriano, Laura Rojo, Alejandro Zenker, y Héctor Montiel quienes presentaron importantes obras. También conocí al fotógrafo José Luis Bueno. Y pude admirar de cerca a Marina Ruiz, una de las modelos que se entregaban a las manos del color para modelar sus cuerpos en el tradicional body painting.
Mientras el vino se agotaba y nuestras miradas eran atraídas por las pieles, antes desnudas; mi interior también celebraba el día más acalorado y productivo de febrero con un símbolo que me llevó al pasado. Al observar mi obra, donde represento a Nezahualcóyotl, me llegaron a la mente datos sobre el pensamiento del poeta, cuya historia narra una guerra contra esa región que, en ése momento, yo visitaba. Ahora el Tlatoani de Texcoco está otra vez en Azcapotzalco. Como alguna vez llegó, buscando la paz ante su enemigo Maxtla. Y aunque aquella vez el Príncipe acolhua no consiguió resultado a su petición, sabía que su ejemplo de política viajaría por generaciones exponiendo, además, su filosofía sobre el amor a la naturaleza, al arte, a las mujeres, y al hombre.
Así, entre telas, papeles, y cuerpos teñidos; entre amigos y vino blanco; entre la reflexión y un símbolo antiguo; entre mi obra y una mujer pintada recordé el catorce de febrero.
jm lona
¡Necesitas ser un miembro de AVE para añadir comentarios!
Participar en AVE