
Hay un pequeño montículo de recuerdos que saco a orear por las tardes como esta: soleada y con vistas a mares de cuartos de hotel. Persigo el vino del sacrilegio, el de beber de tu boca sabia; guardo con especial cariño la camisa manchada con el tinto de tus quebrantos. Si tú vienes te compartiré algunos sueños plácidos, este fino asiento de arena caliente, la posibilidad de seguirme los respiros para que te los pongas, dentro, en las tardes como esta: nublada, sin hotel, y con el mar picado.
Mi animalidad queda en reposo durante varias largas épocas. Son caminos sin final que conducen a ningún lado, aún así construyo tu figura antigua repleta de terminales nerviosas.
Rememoro.
Hablo en tu oído bajo la penumbra del bar
dibujo con palabras la sapiencia de tus senos
recojo la carnosidad de tus labios en cada trago
cambio la orilla de cristal
por los goterones que escurren en tu piel.
Al amparo de mi voz te tiembla el cuerpo
es perceptible el golpeteo de tu corazón
tambor batiente que reacomoda tus constelaciones
y siembro la estrella más brillante (tu sur)
mi lengua espera por tus orillas
por el conducto que te he de descubrir
reservo mis sentidos para tu marea alta.
Mis instintos están latentes y te llaman (no te preocupes, es cuestión de tiempo).
Foto y textos: Eric Marváz
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