Alejandro Zenker

Hace no poco tiempo (casi cuatro decenios) participé a mis 14 años en un taller de fotografía que duró nada más y nada menos que tres años. Mi profesor, de nombre Otto Dölle, era alemán. Estaba yo en el Colegio Alemán de la Ciudad de México, que contaba con un maravilloso laboratorio fotográfico. Mi padre, inmigrante alemán antifascista que participó en el movimiento comunista de inicios de siglo, impartía el taller de encuadernación en un salón contiguo. Dölle me enseñó de una manera matemática los principios teóricos y la práctica de la fotografía. Huelga decir que Dölle era también mi maestro de matemáticas. Los apuntes de aquellas épocas aún me siguen.

(FOTOS CENSURADAS POR NING)

Fotos tomadas por Alejandro Zenker con el Lensbaby 2.0 y las cámaras Canon 40D y D450


Traigo esto a relucir porque recientemente adquirí un lente al que “ya le traía ganas”. Se trata del Lensbaby 2.0. Colocarlo en una cámara digital es como regresarla a sus orígenes. He usado el lente tanto en la Canon 40D como en la nueva Canon D450 (mi cámara de respaldo que, dicho sea de paso, es espléndida para ser una cámara orientada al usuario básico, es decir, al fotógrafo principiante). La apertura del Lensbaby la cambias mediante simples rondanas. Su cuerpo es flexible, lo que permite generar una distorsión alrededor del punto de enfoque. Manipular el lente no es fácil, pero sí sumamente divertido. Es un lente enteramente “manual”: tanto la apertura, como el enfoque y la distorsión lo realizas con las manos… sin apretar botones. Y los resultados, dependiendo de la imaginación del fotógrafo, van de lo malo o mediocre a lo francamente fantástico y artístico. La fotografía, finalmente, tiene dos aplicaciones básicas: el reflejo de la “realidad” (fotografía documental o periodística) y la fotografía artística (“distorsión” de la “realidad”, que es una manera de ver esa supuesta “realidad” con otros ojos).

Llevo relativamente “muchos” años siendo pionero en la aplicación de recursos digitales (prácticamente desde sus inicios). Incorporé en México la impresión digital a la industria editorial, y tuve oportunidad de experimentar con la fotografía y la impresión digital de la fotografía. Publiqué por allí un librito de cuyas aberraciones me arrepiento. Pero le fui entendiendo al nuevo medio y fui mejorando. Al menos eso creo. Después de reflexionar, analizar, ver lo que ha sucedido… ¿sirven de algo los avances para hacer de una fotografía un objeto de arte? Sin duda facilitan las cosas. Pero no modifican la esencia: el ojo, la destreza y la sensibilidad del artista.

De eso me habló mi profesor Otto Dölle hace 36 años. La cámara no hace al maestro. Pero el maestro hace obras de arte con cualquier cámara, por rudimentaria que ésta sea.

Después de muchos años de búsqueda, creo haber encontrado mi estilo. No es del gusto de todos, ni lo será. Pero es “mío”. Aunque esa pretensión absurda choque frontalmente con una realidad: nada es “nuestro”. Somos, finalmente, producto de un proceso en el que mamamos de los demás. En la fotografía, como en todo otro género artístico, las posibilidades son infinitas. El uso del color o del blanco y negro, el manejo de las fuentes de luz, naturales o artificiales, la velocidad de obturación, la apertura, la sensibilidad ISO de la película o del sensor, los lentes, la manipulación en el cuarto obscuro analógico o digital… La diferencia entre los resultados de quien simplemente hace clic y quien previo a oprimir el obturador calcula las variables puede ser abismal… o nulo. Quien tiene profundos conocimientos técnicos, pero poca visión seguramente obtendrá resultados más pobres con una cámara profesional que quien tiene ojo, capta lo que otros no ven y se aventura y experimenta con una camarita rudimentaria.

Todo eso recordé al jugar con mi Lensbaby: Dölle siempre nos invitó a trabajar con la cámara más elemental que pudiéramos tener a la mano, incluso las que fabricábamos nosotros mismos con una simple caja de cartón. Lo simple, rudimentario, invita a la reflexión y al ejercicio creativo. Las cámaras digitales sofisticadas, los lentes que cuestan más de mil dólares ayudan. Pero no son imprescindibles.

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Respuestas a esta discusión

Definitivamente para hacer buenas fotos no se requiere de un equipo muy caro, pues cuando se carece de "eso" que llamamos ojo, ni la cámara más cara nos hace "ver". Yo comenzé en la fotografía a los 16 años y me fuí "armando" de un equipo fotográfico poco a poco pensando que eso haría mejores mis fotografías; pero tuve una cámara conmigo más mecánica que electrónica que por más de 20 años me acompañó y noté que las cámaras analógicas más sofisticadas me bloqueaban la creatividad. Siempre regresaba a mi cámara Pentax K1000 que, obedientemente, hacía lo que yo le pedía; era muy leal. Después de todos estos años haciendo fotografía, siempre regreso a los orígenes: luz natural, espacios iluminados y abiertos y aunque la cámara digital que uso es más bien sofisticada, siempre se deja manipular a mi antojo y hace lo que le pido, eso si, siempre con un gran respeto mutuo.
A veces cuando la sofisticación de lo dígital me rebasa, me acuerdo con mucha nostalgia de mi cámara Pentax K1000 y pienso lo que muchas veces me ha indicado la experiencia; que la cámara se hace a uno y no uno a la cámara, así debe ser.
También disparo con una 40D y cada vez que le pongo el lensbaby (también 2.0) me pregunto cuál es la necesidad de ponerle un lente de "juguete" de 150 dls a un cuerpo semi-pro de más de mil. Es una locura. Es como deliberadamente ponerle la transmisión manual de un Renault 5 a una Landrover del año pasado. Más que su bokeh "cremoso", más que su marcada distorsión imposible de emular en Pshop, quizá lo que más me gusta del "juguetito" es su impredecibilidad, en otras palabras, dar por el culo a esa supuesta perfección digital que atosiga y cansa (muy en el sentimiento de la lomografía, el dymo y la música en acetato, guardando toda proporción). Es un poco sacar del olvido esa serendipia, ese accidente afortunado, esa chiripa que se daba con frecuencia con los métodos de producción y edición "manuales".
Adiós autoenfoque, adiós medición, adiós AV, TV, zoom y demás triquiñuelas. Manual, manual, a pie. Así es el Lensbaby. Surreal tanto en forma como en fondo.
Hace algunos años Arturo Talavera, ese gran fanático y promotor de las pin-hole cams, perforó y adaptó la tapa de plástico del sensor de mi antigua rebel digital (una madre que cuesta 30 pesos) y tuve a partir de de esa franca-chela una ¡estopeica digital! Más irascible y errática incluso que el "lente de bebé".
Cada vez estoy más convencido que la fotografía no es arte, es más una habilidad técnica y mucha mucha suerte.
Tequilas de por medio parto, Arturo, de tu enunciado final: “la fotografía no es arte, es más una habilidad técnica y mucha mucha suerte”. Coincido y discrepo a la vez. Y ya sé que lo que pondré a continuación te lo sabes al derecho y al revés. Pero va. Considero que la cámara no es más que una herramienta. Como en el caso del pintor sus pinceles, del dibujante sus lápices, etc. Hace muchos años un fotógrafo profesional de la era analógica me dijo lo mismo que tú mientras me mostraba una fotografía que a todas luces era espléndida. “La tomé con una instamatic. Ya no hay arte, es pura técnica”. Pero creo que lo mismo aplica a la pintura, la escultura, el cine. ¿Cuántos pintores no hay que producen obras que impresionan por su realismo, por su técnica, pero a las que les falta “eso”. Al menos desde el punto de vista de quien en su momento las ve. Si el arte en la fotografía no existe, porque es técnica, lo mismo aplica a los demás géneros. Desde ese punto de vista el “arte” no existe. Desde el otro… está. ¿La obra producto de la chiripa vale como arte? ¿Cómo saber cuándo algo salió de chiripa y cuándo fue intencional? Una foto bien lograda con el Lensbaby puede ser chiripa… particularmente cuando puedes disparar a 6 fps durante un minuto. Pero quien lo hizo… ¿lo confesará? El que realizó un trazo en el lienzo y tropezó influido por el vino, y luego lo contempla y dice… “¡qué chingón!” ¡He allí la chiripa! Yo aún no sé si lo que hago es “arte”. Quizás lo intento. Aunque confieso que cada vez más se va apoderando de mí la “técnica”. En ese plano, el “técnico”, trato de que lo que muestro sea producto de lo que hice básicamente en el estudio: manejo de cámara, ciclorama y luz. Ya en Photoshop sólo ajusto parámetros. Sobre ese aspecto en particular regresaré en el otro espacio. Es decir, en lo que toca a la subexposición a la que haces referencia y a la manera de visulizar el resultado en pantalla.

Saludotes,

Alejandro
Veo que mordiste en anzuelo. Jejeje. Esa jodida manía mía de iniciar bizantinas para luego darles la vuelta.
¿La obra producto de la chiripa vale como arte?
Claro que $í y vale mucho, basta preguntarle a Pollock, Rauschenberg y demás (por Ouija, claro está).
¿Cómo saber cuándo algo salió de chiripa y cuándo fue intencional?
Será intencional sólo hasta que sea reproducible a voluntad. Qué sería del arte y la ciencia sin la chiripa (entiéndase chiripa por accidente afortunado y no por "chiripazo").
Pero quien lo hizo… ¿lo confesará?
Algunos tienen la desfachatez de confesarlo.
Entiendo y comparto mucho de lo que dices, pero me gusta joder, qué le vamos a hacer. La foto es truco. Hay magos buenos, pero también están los que se les ve el doble fondo en el hoyo de la chistera.
Me hacen falta unos tequilas para seguirle con esto.
Finalmente todo esto es un "Fin justifica los medios" ¿Qué importa si para obtener una imagen bella o artística, extraña o interesante se hayan hecho piruetas o se hayan dado chiripas. La fotografía es una mezcla de vísceras y técnica, de luz y de tormento... ¡Ah, y de Photoshop!
Completamente de acuerdo. El fotografo finalmente crea imagenes, asi que la camara solo es un instrumento, y obsesionarse con ella, es concentrarse solo en la herramienta y no en el resultado final. Ademas todo sigue avanzando, seria un poco absurdo resistirse a lo nuevo simplemente porque ya nos apegamos a algo con lo que invertimos mucho tiempo en dominar.
Pues sí, José Luis, mordí el anzuelo de Arturo, que es un "provocador", al que le faltaron tequilas para “seguir con esto”. Ya nos los tomaremos todos juntos. Yo invito. Creo que estamos de acuerdo en que la fotografía es (o puede ser) un arte cuando se ejerce como tal (como arte). En realidad la fotografía digital (o la cámara digital que no es más que un instrumento, como bien lo señala Ernesto) y sí, el Photoshop (que van de la mano), han generado un universo inmenso de innovación y creatividad. Hablábamos del Lensbaby, que recrea quizás un “espacio creativo” como el que genera hasta cierto punto (toda proporción guardada) la cámara estenopeica que emplea Elizabeth Castro. Acoplado a una cámara digital, puedes generar un inmenso acervo en unas horas, haciendo uso del conocimiento y jugando con la “chiripa”. ¿Qué pasará allí? Si los soportes son los mismos o “superiores”… ¿cómo reaccionará la cosmovisión artística a mediano y largo plazo?

Para abundar en lo que dio inicio a este intercambio de ideas y a manera de interrogante: el medio fotográfico en particular ha estado dividido a lo largo de estos últimos años entre el bando de los que rechazan el uso de las nuevas tecnologías, y los que las han adoptado y reconocido sus bondades. Seguro conocen tú y Arturo la excelente revista de fotografía B&W. Desde que emergió la fotografía digital, sus editores se opusieron militantemente a ella. Fotografía artística es sólo lo que se genera a partir de negativos y soportes físicos “tradicionales”, declaraban. Todavía hoy, B&W no tiene una página web que refleje su riqueza. Es más, siendo una revista de indudable relevancia artística en el medio fotográfico, no ha desarrollado un mecanismo de suscripción vía Internet. Tienes que llamar a gringolandia para suscribirte, o mandar tus datos vía fax. ¡Válgame! Al menos no se oponen al teléfono y al fax.

Conozco muchos fotógrafos profesionales que rechazan las nuevas tecnologías. Sin embargo, se están quedando sin proveedores. Ni Ilford, ni Kodak, ni Agfa le apuestan a negativos, químicos y papeles analógicos. Aún pululan los centros de servicio (particularmente en grandes almacenes tipo COSTCO, SAMS, etc., amén de Regis y profesionales del medio como LMI) que ofrecen la impresión de las fotos a partir de archivos digitales. Pero un reproductor digital de fotos (tipo tv) de escritorio ya sale en menos de lo que nos costaba revelar e imprimir unos cuantos rollos.

Illford, por cierto, que fue de los primeros que sorpresivamente anunciaron su retirada del mercado analógico, ya anuncia sus nuevos productos destinados a medios digitales (papeles) que “igualan” o mejoran los resultados en materia analógica (http://www.ilford.com/en/).

En buena medida creo que el rechazo a las nuevas tecnologías tiene su origen en la ignorancia. Ya me tocó vivirlo en el terreno editorial. Hace no más de unos 20 años (o menos) muchos protagonistas importantes de la industria editorial y de las artes gráficas se opusieron (rechazaron a lo pendejo, pues) las nuevas tecnologías. Inicialmente la computadora y los programas que soportaba, tipo Page Maker y Ventura. Luego las impresiones en láser (Laserjet, por ejemplo). Finalmente las empresas que no incorporaron las nuevas tecnologías digitales chuparon faros. Y las editoriales incorporaron lo que con tanta furia rechazaron mucho tiempo. Hoy, siendo precursor del desmadre, tengo como clientes a las principales editoriales de este país. Pero igual tengo amigos que cultivan la producción editorial tratándose de remontar a sus más accesibles orígenes (monotipo, linotipo). Y logran objetos que, más que editoriales, son artísticos. Estamos en una época de transición entre muchas etapas que a su vez fueron de transición. ¿Qué nos depara el destino?

Se me acabaron las chelas. Les va.
Alejandro,
No sin cierta mueca veo que esta plática perdió su significado original, pasó del lensbaby y la técnica al rollo medio cansado de si es arte para desembocar en otro todavía más sobado de lo digital versus analógico. Y siempre pasa esto en los boards y, en parte, está bien, para eso son. A final de cuentas todo tiene que ver, pero...

En fin, recomiéndote una película del año pasado que muy probablemente ya viste: The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford. Bastante disfrutable a pesar de Brad Pritt. La sugerencia viene al caso porque hay secuencias en las que "blurearon" las esquinas muy al estilo del lensbaby (sabrá abraxas si lo hicieron en la post, seguramente sí). El resultado son imágenes con ese tinte de melancolía que por momentos remedan a Julia Margaret Cameron.

¿Qué nos depara el destino? No sé, espero que esos alcoholes que ya prometiste.
Arturo:
¡Chín! Lamento haberte provocado una mueca. Pero tienes razón. Debo aprender a ser más sintético. Aunque el provocador fuiste tú… je je… Buscaré la película que me sugieres. Suena interesante. Retomando lo del Lensbaby: tuve una nueva sesión (trabajo en el estudio al menos todos los jueves) en la que no me pude resistir a usarlo de nuevo. De pronto, los desenfoques, las distorsiones totales me han gustado. No sé si en el que tú tienes puedes cambiar la apertura. Luego subo unas muestras. Ya respondí a tu observación sobre la subexposición que notas en mis fotos en los comentarios añadidos al video “Lety with lens distortion (Segundo intento)”. A ver qué opinas.
Sí, a mi lensbaby se le pueden cambiar las aberturas, con "b" (creo que los tres modelos son iguales en este aspecto, unos disquitos con magnetos definen el número f). Incluso el 3G, el más nuevo, es más "fácil" de usar porque mantiene la posición del fuelle (cosa que contradice un poco el concepto original del lente y que aumenta su costo ¡120 dls!).
El uso de “apertura” o “abertura” es controvertido. Ambas palabras provienen del latín y se usan indistintamente. Sin embargo, se emplea cada vez más la palabra “apertura” en español por influencia del inglés, lo que la haría un “anglicismo”. No obstante, su uso no es incorrecto ya que si le echas un ojo a las definiciones de “apertura” del DRAE, verás que en la séptima acepción establece: “7. f. Ópt. Diámetro de la lente en un instrumento óptico que limita la cantidad de luz que recibe.”

En lo que respecta al Lensbaby 3G estuve leyendo la reseña en dpreview.com. Suena interesante lo que se puede hacer con ese objetivo. Ayer tuve una sesión de foto en la que puse la cámara fija, la accioné a control remoto y participé en la escena con mi modelo. Incliné el Lensbaby con una liga para crear la distorsión, que quería que fuera muy marcada. De pronto se me antojó poder hacer eso con más precisión. Parece que eso es lo que logras con el 3G. Veré si puedo encargar uno para que juguemos con él. ¿Te late? Pongo una foto de muestra.


Tenés razón, pero me gusta pensar que me asomo por aberturas y no por aperturas. Y sí, me enojo cuando en el banco me quieren aperturar una cuenta.
Oye, pues sí, parece que el secreto del 3G está en los soportes y botoncitos que "sujetan" el lente. Suena mucho más cómodo que estar haciendo cabriolas con el fuelle y te ahorrarás la liga (¿no es la fotografía un truco?). Te va a salir más caro que una Holga o que vaselina sobre una lentilla, pero creo que te servirá mucho en tomas como las que pretendes (la foto que publicas me gusta, tiene todo ese misterio del desenfoque pero sería fantástica si tuviera un "sweet spot"). El 3G te podría haber ayudado a "fijar" la atención en el pezón o en el ombligo o, mejor aún, en la tanga. Y no me puedo imaginar algo mejor para una sesión: una XSi con el baby (como veo en tu exif) y una 40D con un lente más largo y rápido.
Me late. ¿De dónde lo vas a pedir? BH o amazon?

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