¿Cómo te vinculas con tus modelos?
¿Es una relación netamente “profesional”?
¿Hay deseo? ¿Llega a haber odio?


Creo que no hay artista que se especialice de alguna manera en el desnudo y el erotismo, o que al menos practique esa “perversión”, que no desarrolle una relación de amor y odio hacia su “objeto”. Objeto que, a su vez, es sujeto. Sujeto que de manera directa o subliminal evoca en el o la artista el deseo. Cuando yo decidí centrar mi obra en el erotismo, lo primero que tuve que enfrentar fue mi desconocimiento total del medio. ¿Desnudo? ¿Erotismo? ¿De dónde y cómo conseguir modelos? Una amiga que me daba masajes para aliviar mis dolores crónicos de espalda me recomendó a una pareja de bailarines. Larga es la historia, pero la haré corta. El caso es que, aterrado ante mi primera experiencia de retrato de desnudo en pareja, invité a un amigo a acompañarme. Tomamos fotos tanto analógicas como digitales a diestra y siniestra. Poco después el modelo apareció indignado porque yo había osado publicar una foto suya donde se le veía el pene, si bien él cubría su rostro con sus manos. “Todos me van a reconocer”, afirmó. ¨Pero si no se te ve el rostro”, respondí. “Pero sí mi pene, que es mío, y todas lo conocen”, puntualizó.

Sorprendido por la popularidad de su miembro, accedí a eliminar de la publicación las fotos en las que él aparecía con el rostro cubierto (en el que seguramente nadie depararía), pero con el pene flácido de fuera (que “todas conocían”). Fue una de mis primeras y frustrantes sesiónes de fotografía “erótica”. A partir de allí aprendí que tenía que exigir la firma de un contrato, lo que he venido haciendo a lo largo de los años de manera inflexible.

Pero hay más en esta extraña relación entre el artista y sus modelos. Hay quienes cambian de modelo sesión tras sesión, o proyecto tras proyecto, según se trate de pintura o fotografía, por ejemplo. Como fotógrafo, descubrí la virtud de trabajar con una modelo de manera sistemática hasta agotar las posibilidades. La primera modelo con la que lo pude hacer trabajó conmigo varios años. Ella aprendió, yo también. Ese trabajo continuo fue generando una relación de deseo y odio, atracción y rechazo, enamoramiento y repulsión. Elementos todos que alimentan la creación artística.

Así sigue siendo hoy.

A veces odio a mis modelos.

A veces me odian.

Otras las deseo.

¿Y tú? ¿Cómo te vinculas con tus modelos?

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Respuestas a esta discusión

Armando,
Efectivamente, la versión que tengo es la buena, la que dura casi 4 horas. Parece que Rivette hizo una versión corta (o para gingos) que se llama "Divertimento". Esa no la he visto. La que acabo de conseguir es copia fiel (bueno, casi) del DVD y se ve muy bien, apuesto a que mucho mejor que un VHS grabado de Canal 22.
Ahora bien, si insistes en pasar tus películas de VHS a DVD te sugiero que preguntes en un ciber café, por lo menos en mi pueblo es donde lo hacen baratito. A menos que sea un video casero o personal, yo no recomiendo pasar de VHS a DVD por la calidad. Prácticamente todas las películas antiguas ya están en digital.

Alejandro,
Pues no sé si quieras el link directo a los torrents o el DVD ya masterizado con subtítulos. Si es lo segundo, tendrás que esperar a que vaya al DF.
Pues pásame el link, a ver si puedo bajar el DVD.
Hay una novela muy buena que creo que se llama "Seda negra" (les prometo conseguir el título real, no lo recuerdo bien la verdad) donde un hombre cita a una prostituta noche tras noche a que pose bajo la luz de la luna con una tela que delinee su cuerpo. Los encuentros se van volviendo más y más eróticos, pero el hombre no pierde interés con tan solo mirar la tela que delinea el cuerpo de la mujer.

Creo que es una analogía que seguramente les habrá pasado alguna vez como artistas eróticos: el tan solo querer mirar una y otra vez a tu modelo a través de tus ojos y de lo que tu crees que pueda ser la mejor estética que le tienes preparada. Y es el jugar constantemente con ese juego de tensión sexual, donde si uno rompe ciertas reglas puede abrir puertas mucho más interesantes de comunicación o bien... despedirse de su modelo.

Y ni se diga lo que experimentan los modelos, porque tal como en la novela citada la prostituta regresa gustosa de seguir siendo objeto de deseo visual, siempre es un gusto cuando un modelo te vuelve a buscar o acepta gustoso de seguir explorando estéticas, límites y sensaciones a través de nuevas sesiones. Para ellos también significa desde una terapia hasta un re descubrimiento personal de quienes son en realidad.

Una vez tuve una sesiòn muy especial. Era una mujer que realmente me gustaba y desde el primer momento en que salió del baño, vestida para la sesión se sintió una atmòsfera sumamente especial. Conforme fuimos avanzando con la sesión sin complicaciones ella comenzó a llorar de la nada y me pidió que fuese hasta ella y la abrazara. Fue un desprendimiento total de quitarse detrás de la cámara para estar junto a ella. Más tarde, las fotos que tomé, poseen una sinceridad y comunicación sumamente profundas que pocas veces he logrado a ese nivel.

No cabe duda que uno siempre descubre cosas nuevas de su modelo hasta realizar la sesión. Siempre y cuando uno no deje de tener un velo que se pasee por la desnudez de nuestros modelos.

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